lunes, 27 de mayo de 2013

A veces me pregunto por qué nos gustan tanto los finales felices. Algunos dirán que es porque queremos que las historias acaben bien. Pero ahora digo yo, ¿Cuándo acaba algo? Una relación, por ejemplo, ¿Acaba cuando la chica consigue al amor de su vida? ¿Cuándo se casan? ¿Cuándo tienen a su primer hijo? ¿Realmente acaba alguna vez? Porque en mi opinión, eso de los finales felices es algo que nos vendieron de pequeños, ideas sobre el amor eterno y la pareja perfecta con las que nos llenaron la cabeza que realmente no existen. Porque los finales felices no existen. Podemos pasarnos la vida buscando, yendo detrás de ellos pero al final del camino nos quedamos solos. La muerte, el verdadero final, nos aparta de nuestros finales felices.
A veces me pregunto por qué nos gustan los finales felices, y he llegado a la conclusión de que es porque necesitamos llegar al final habiendo vivido cantidad de esos finales para que nuestra vida cobre sentido y podamos descansar sabiendo que la hemos aprovechado.

miércoles, 22 de mayo de 2013


Lo siento no siempre es suficiente, quizás porque se utiliza muchas veces, como arma, como excusa. Pero cuando lo sentimos y lo utilizamos como es debido, cuando lo pensamos… cuando nuestras acciones dicen más que las palabras… cuando lo hacemos bien, lo siento es perfecto. Cuando lo hacemos bien, lo siento nos redime.
Pensamientos macabros invaden mi mente

lunes, 15 de abril de 2013

Hablar animadamente mientras subes las escaleras. Resbalar. Entrar en pánico al oscilarte hacia atrás. Intentar agarrarte a lo que sea. Caer.

martes, 12 de marzo de 2013

La vida se reduce a una sucesión de muros: el que hay que saltar para acabar el instituto y aprobar la selectividad, el que hay que superar para entrar en la carrera que deseas, el que hay que sortear para terminar bien los estudios... Y el más importante: el que te separa a ti del mundo. Un muro que construyes a tu alrededor y ruegas que nadie salte porque fuera hay gente que te puede llegar a hacer mucho daño si lo superan. Pero ese muro no mantiene a los demás fuera, sino a ti dentro. 
La vida es una sucesión de muros y puedes pasarte la vida levantándolos o saltándolos. En algún momento tienes que decidirte  y, aunque hay algunos muros demasiado peligrosos para cruzarlos  si te aventuras a saltarlos, las vistas al otro lado son fantásticas.

martes, 15 de enero de 2013


Y ya no lo recordarás... el lugar pasará a la historia y quedará en un rinconcito de tu memoria.
Pero si algún día buscas entre los cacharros viejos de tus recuerdos, encontrarás cosas que quizás te parezcan interesantes.
O quizás no.
Si los desempolvas, en ésos, en los recuerdos más viejos, en los que más abajo y más olvidados estén, ahí lo encontrarás: la casa grande de la pared cubierta de hiedra, tan verde y espesa que no se distingue el color de la pintura, la mansión que está entre los matorrales; en el salón blanco, el que da al jardín del árbol viejo, junto a la gran ventana junto a la gran chimenea, en el hueco de los zapatos, justo debajo de la escalera de caracol.

Escrito por Irene
En la vida llega un momento en el que te conviertes en adulto. Tienes edad para votar, para beber y para otras cosas de adultos. De pronto esperan que seas responsable: “Sé adulto”. Crecemos, nos hacemos mayores, ¿pero alguna vez somos adultos del todo? En ciertos aspectos crecemos: Creamos una familia, nos casamos, nos divorciamos… Pero la mayoría de veces, seguimos teniendo los mismos problemas que cuando teníamos 15 años. Por mucho que crezcamos y nos hagamos mayores, seguimos tropezando. Siempre dudando. Eternamente jóvenes...